Una clase de periodismo en pocas líneas

Amigos, ¿cuántas veces me critican luchadores y managers tras ser entrevistados? Muchas, es decir, la mayor de las veces. ¿La razón? “El señor Zamudio ha cambiado lo que dije.” “El señor Zamudio es un pésimo reportero, no refleja con objetividad lo que es mi dojo lleno de luces y colores.” Y bla bla bla.

No es aquí el lugar para defender al señor Zamudio, pero sí para reinvindicar al ejercicio del periodismo que se practica en Golpes y Patadas. Puesto que ustedes no saben la cantidad de veces que puede llegar a reescribirse una nota y ustedes tampoco saben la enorme fe que depositan en los textos que figuran finalmente en nuestra revista, como si ellos fuesen “la verdad revelada”.

Por si no se dieron cuenta, cada vez que el señor Zamudio regresa y desgraba una entrevista para luego redactarla (ya tres pasos que suman inexactitud y turbulencia a la memoria), sobreviene el proceso de edición, que cuando no está en mis manos, lo está en las de Martin Grunauer, mi principal asistente. Y sea en uno u otro caso, la tergiversación vuelve a irrumpir de manera natural (periodística le llamo yo), en la medida en que luchamos por la victoria del Partido de la Coherencia y la Cohesión, que suele enfrentarse en verdaderas batallas contra el Partido de la Redacción de Zamudio, que omite comas, mayúsculas y puntos y aparte.

Pero todo esto es parte del periodismo. E insisto, son ustedes los culpables si creen que en este noble oficio las verdades se caen como peras del árbol. Nada más alejado de la realidad, amigos.

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